Mis manías como lectora

¡Hola! Hoy es martes y tocaría subir una reseña, pero llevo estancada casi dos semanas con la lectura de La reina descalza, de Ildefonso Falcones. Así que, inspirada por una entrada en la sección Tomando el té con Mr. Darcy, del blog Detrás del conejo blanco, voy a hablar de unas cuantas manías mías como lectora. No son muchas, pero ahí van.

1. No empiezo una nueva lectura el mismo día que he terminado otra. ¿Por qué? Porque necesito un tiempo para procesar el final del libro. Tanto si me ha encantando como si no. La resaca del lector que se llama, escribí un post sobre ello en el blog De perdidos a la mar. ¿Y si el libro no es autoconclusivo y la continuación la tienes a mano? Da igual, me espero al día siguiente, aunque me muera de ganas de empezarla.
2. Suelo leer la última frase del libro. Sí, podéis matarme. Afortunadamente, no me he comido nunca ningún spoiler, aunque puede que me ocurra algún día. Solo lo hago cuando el libro es en físico y no lo puedo evitar. El karma algún día me castigará, lo sé, pero mientras…
3. Las páginas de los libros no se doblan y no se escribe en ellas. Odio ir a la biblioteca y encontrarme la marca en las esquinas o palabras escritas. Los marcapáginas existen por una razón y son muy útiles, además de muy monos. Hasta los puedes hacer tu mismo o utilizar diferentes cosas: un ticket, un post-it, una tarjeta… Todo menos doblar las esquinas. Y lo de escribir, no es tan difícil tener una libreta al lado y apuntar las cosas.
4. No suelo abandonar un libro por mucho que me aburra o tarde en leerlo. Mucha gente opina que terminar un libro que no te gusta es perder el tiempo, pero yo creo que si no lo acabo, no puedo criticarlo con total libertad. Hasta el momento, solo he abandonado El libro de la selva.
5. Si empiezo una trilogía o saga, la termino, me cueste lo que me cueste. Incluso si va perdiendo interés. A Sheldon Cooper le molestan las frases inacabadas, pues yo no soporto saber que la historia sigue y no saber qué ha pasado, por muy patatera que me parezca.
6. Rara vez dejo un capítulo por la mitad. Solo lo hago cuando los capítulos son muy largos y no me queda más remedio que cerrar el libro porque me surge cualquier cosa. En estos casos me da una rabia enorme. Pero, en general, siempre acabo los capítulos.
7. No me gusta empezar a leer en silencio y que de repente haya ruido. Es decir, si estoy leyendo en el salón y aparece alguien que pone la televisión, tengo que parar de leer porque ya no me concentro. En cambio, si la televisión está puesta, y me pongo a leer después, no pasa nada. Raro, lo sé.
8. Siempre miro la extensión del capítulo antes de leerlo, tanto en físico como en el ebook. La verdad es que es útil para saber si me va a dar tiempo a terminarlo antes de tener que irme a algún sitio. En el ebook es fácil, pero en físico puedes encontrarte información no deseada. Pero, hasta ahora, tampoco me ha pasado.
Creo que ocho manías son suficientes. La verdad puede que tenga alguna más y que ahora mismo no la recuerde porque no soy totalmente consciente de ella, pero si me acuerdo, la añadiré al post.
Eso es todo por hoy.
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¡Nos leemos!
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12 thoughts on “Mis manías como lectora

  1. A la celebérrima esnifada inicial en busca de ese olor tan embriagador que caracteriza al buen libro nuevo, le añadiría incluso la capacidad de distinguir matices entre aromas. No te digo distinguir entre FNAC o Ali i truc, pero si casi casi entre calidades de papel.

    Y nunca, JAMÁS, se abre el libro 360º. Que los hay que de tanto doblar se les resquebraja la cola del lomo y parece que del ruido que hacen, los pobrecicos, se estén quejando.

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  2. Yo antes no abandonaba un libro, por mucho que me aburriera,por el mismo motivo que tú. Pero la vejez hace que últimamente sí lo haga. A mí también me gusta mirar la extensión y odio los libros con capítulos larguísimos, porque me agobia el tener que dejarlos a medias (ya sea porque tengo que hacer y tengo poco rato para leer o porque algo me interrumpa).

    Tampoco me gusta que no tengan índice. Y en lo demás, coincido en prácticamente todo 😉

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  3. Cuando son libros gruesos, hay veces que no hay más remedio. Pero he visto gente que dobla los finitos o los de bolsillo hasta que la portada toca la contraportada. Y me entran los siete males.

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  4. Hola, Maribel! Me gustan mucho este tipo de entradas sobre curiosidades y manías que tenemos como lectores.
    Reconozco que, aunque en algunas no coincido contigo, puedo entenderlas todas perfectamente como lectora.
    En mi caso, confieso que suelo tener post-it a mano para marcar una página o un fragmento, pero he tenido a veces la “necesidad” de doblarlas (en casos de extrema necesidad).
    Y eso sí, mientras leo tiene que haber absoluto silencio, porque si no me es imposible concentrarme.
    Con tu permiso, me uno al blog 🙂
    Saludos!

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