Sentido y sensibilidad


Título: Sentido y sensibilidad

Año de la obra: 1811

Autora: Jane Austen

Editorial: RBA coleccionables

Páginas: 397
En esta obra, Jane Austen dispone que todas las emociones humanas han de conservar el decoro. Este decoro se traduce en un control de las emociones mediante la prudencia y la razón. Es decir, que una persona necesita el sentido (o juicio) y la sensibilidad para conseguir sus metas. En la historia aparecen dos hermanas: Elinor y Marianne Dashwood, que representan el sentido y la sensibilidad respectivamente. Ambas se enamoran y tienen problemas para que ese amor correspondido llegue a un final feliz.
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Sentido y sensibilidad es la tercera novela que leo de Jane Austen -la Austen, para los amigos-. Mis otras dos lecturas de Jane han sido Orgullo y prejuicio, el cual adoré, y Persuasión, que no adoré tanto. ¿Por qué? Aún no lo sé, creo que lo tendré que releer. Pero eso es otra historia. Hablemos pues de Sentido y sensibilidad.
Las protagonistas son Elinor y Marianne Dashwood, dos hermanas que son polos opuestos. La mayor dotada de sensatez y la menor, una adolescente enamoradiza que dice lo primero que se le pasa por la cabeza. Ambas se enamoran, descubren secretos, sufren desengaños y lo viven y lo demuestran de manera diferente. A esto se suma que están en edad de merecer y existe la gran necesidad de encontrar un buen marido porque la fortuna de su viuda madre no es suficiente.

“En un momento le eran absolutamente indiferentes los comentarios del mundo, al siguiente se retiraría de él para siempre, y luego iba a resistirlo con toda su fuerza”

Cuando lees a la Austen es como estar al lado de los personajes en modo mirón, es como una guía turística de la época. Resulta muy curioso conocer de primera mano la forma de pensar y de vivir de la gente -más bien de una parte de la sociedad- hace 200 años. Austen le muestra al lector que la hipocresía y la falsedad, el quedar bien, las preocupaciones y los comportamientos exagerados o los flechazos hacia una buena renta anual eran el pan de cada día.

“Aunque nada había más cortés que el trato de lady Middleton hacia Elinor y Marianne, en realidad no le gustaban nada. Como no la adulaban ni a ella ni a sus niños, no podía creer que fueran de buen natural”

Sin duda, lo que más me ha gustado es la evolución de las protagonistas, el giro al final de sus respectivas historias, cómo se “intercambian” sus características. Además del amor protector entre las hermanas, sobre todo de Elinor hacia Marianne. También destaco la ya conocida ironía de la autora y sus conversaciones con dobles sentidos que me han hecho reír más de una vez.
No obstante, la lectura se me ha hecho un poco eterna. Al principio, me tuve que hacer un esquema con los personajes porque me hacía un lío tremendo con los parentescos y relaciones. Muchas veces me he parado a releer algunos párrafos porque no me enteraba del todo, imagino que será por no estar acostumbrada al estilo. Y los personajes masculinos no me han terminado de convencer. Tal vez sea porque los comparo con los de Orgullo y Prejuicio, que interactúan un poco más y dan más juego.
Además, sé que a los autores de siglos pasados hay que leerlos con la mente abierta –open your mind, my friend-, pero no puedo evitar indignarme con algunas cosas. No me cabe en la cabeza que en una semana te enamores de alguien y que cuando no sabes nada de él te pongas enferma literalmente. Y no digamos las señoras de más edad intentando emparejar a todas las muchachas con el primero que pasa que tiene buen bolsillo, menudo estrés -aunque esto sigue pasando…-.

“…y ninguno de los dos estaba tan enamorado como para pensar que trescientas cincuenta libras al año bastarían para proveerlos de todas las comodidades de la vida”

 

Mientras leo novelas de este tipo, me encanta imaginarme la catástrofe que sería soltar a la gente del siglo XIX en pleno siglo XXI. A más de una, tipo señora Jennings, le daría un soponcio al ver que puedes mantener una amistad con un hombre sin hacer planes de boda a los dos días. A no ser que el susodicho, aunque guapo, fuese pobre, de esta manera podía ser el mejor amigo. Qué pena que no existan los viajes en el tiempo, de momento.
La conclusión es, para no enrollarme más, que el libro me ha entretenido. En ocasiones me he reído o he sufrido un poco por los amoríos de ambas y, en otras ocasiones, he querido tirar por la ventana a más de un personaje.
¿Lo habéis leído? ¿Lo pensáis leer? ¿Sois muy fans de la Austen y me odiáis un poco? Contádmelo en los comentarios.
¡Nos leemos!


En realidad le doy un 3’5, pero me niego a poner una pluma partida, sería cruel.

 

 

Paris era una fiesta

Título: París era una fiesta

Año: 1964

Autor: Ernest Hemingway

Editorial: Seix Barral

Páginas: 208

 

Publicada póstumamente en 1964, París era una fiesta es la obra más personal y reveladora de Hemingway, quien, ya en el crepúsculo de su vida, narra aquí los dorados, salvajes y fructíferos años de su juventud en el París de los años veinte, en compañía de escritores como Scott Fitzgerald o Ezra Pound, la llamada”generación perdida”, según la popular denominación acuñada en aquella época por Gertrude Stein, la mítica madrina del grupo.Crónica de la formación de un joven escritor, retrato de una ciudad perdida, oda a la amistad y verdadero testamento literario, París era una fiesta es uno de los libros capitales para entender el siglo XX, así como el universo y la personalidad de uno de sus más grandes creadores.

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Me llamo Maribel y soy otra persona más en el mundo a la que le encanta leer.
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¿Por qué “Read, you clever boy”?
“Run, you clever boy and remember” (“Corre, chico listo y recuerda”) es una de las frases más famosas de Doctor Who, dicha por Clara, la última acompañante del undécimo doctor, en su primera aparición en la serie. Frase que repite en diferentes ocasiones. Así que, como no os voy a decir que corráis, porque quiero que os quedéis, os digo que leáis. Tiene sentido, ¿no?
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